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La Coctelera

Un punto de Tradición

Programa quincenal sobre las músicas de raiz.

31 Mayo 2009

Programa 21 - Vino y tradición

El cultivo del vino es desde siempre y por tradición parte de las gentes de estas tierras, de hecho en la Cultura del Vino están basadas muchas de las costumbres, fiestas y literatura del pueblo manchego. No debemos olvidar las alusiones que hacen al vino manchego los grandes literatos del Siglo de Oro. Miguel de Cervantes en su universal obra Don Quijote, hace referencias al vino como aquélla que dice: "tanto alababa el vino que lo ponía por las nubes, aunque no se atrevía a dejarlo mucho en ellas porque no se aguase". Aunque los orígenes documentados de la viticultura en La Mancha datan los siglos XII-XIII tras la repoblación de estas tierras en plena Reconquista, no faltará quien diga que las viñas manchegas se remontan a la época romana. No obstante, el cultivo de los viñedos en La Mancha alcanza su máxima expansión a partir de 1940, debido a la implantación de numerosas cooperativas vinícolas en toda la región. La viticultura es, además, la principal actividad económica de los municipios que conforman la Denominación de Origen LA MANCHA. La Mancha, con las innumerables hectáreas de viñedo que pueblan sus campos es la zona vitivinícola más extensa del mundo. Es la región natural de mayor extensión de España, ocupando una superficie de 30.700 Km2, lo que supone la mitad de las cuatro provincias que la conforman.

Durante todo este mes de Mayo que ya está acabando se han celebrado las “Jornadas Cultura y Vino”, una iniciativa del Cultural Albacete en la que se han a conjugado la cultura y el vino de forma novedosa. La actividad utiliza como base la palabra maridaje, que es la unión de los alimentos y el vino, pero también como unión de la cultura y el vino, y por ello el albaceteño Teatro Circo se ha convertido en el mejor espacio, durante todo este mes, para conjugar estos elementos. Esta actividad es pionera y única en el ámbito teatral. El Teatro Circo, como puerta de unión entre el vino y el público, por tercer año consecutivo, aproxima un elemento tan esencial para la región como es el vino, desde un punto de vista diferente, evitando los medios tradicionales que hasta el momento se utilizaban para promocionar y potenciar al vino, mediante conferencias, y ofreciendo conciertos con degustación de vino, el maridaje entre las tapas y los vinos de Albacete y un amplio curso de cata para el público en general. ACTIVIDADES DESARROLLADAS: Las conferencias se desarrollaron los lunes 11, 18 y 25 de mayo a las 20:00 horas en la Sala Pepe Isbert del Teatro Circo. El día 11, el enólogo Pep Aguilar presentó los vinos de Bodegas Lavia, de Bullas (Murcia). El 18, el tema fué "Potencia con elegancia: el futuro del vino español" a cargo de Víctor de la Serna, periodista y crítico gastronómico de El Mundo. El enólogo Rafael Orozco presentó vinos de Bodegas Sandoval, de Iniesta (Cuenca). El día 25 intervino Alipio Lara Olivares, director del Instituto de la Vid y el Vino en Castilla La Mancha, y el enólogo Javier Ocón presentó vinos de la Cooperativa San Antonio Abad, D.O. Manchuela. La presentación del libro ‘La gastronomía del Quijote y 100 recetas con vino’ de Antonio Rodríguez., escritor de vino y gastronomía, los cursos de catas a cargo del enólogo Miguel Ángel Flores Gonzalo, y los maridajes con reconocidos cocineros de la provincia, fueron otras de las actividades programadas. Por último, destacar las presentaciones de varias denominaciones de origen acompañadas por conciertos: Día 7: Presentación de la D.O. Manchuela, acompañado por la actuación musical de Manuel Luna. Día 14: Presentación de la Denominación de Origen Almansa, acompañado por la actuación musical de Ana Alcaide y Carlos Beceiro . Día 21: Presentación de la Denominación de Origen Jumilla, acompañado por la actuación musical de Los Ojos de San Jorge.

LA VENDIMIA Cuando se acercaba la época de la vendimia, los capataces se encargaban de buscar las cuadrillas, éstas estaban formadas por hombres, mujeres y niños. Nuestros mayores recuerdan con nostalgia como llegaban vendimiadores procedentes de cualquier punto de la geografía española que junto a los lugareños, iniciaban un largo peregrinaje hacia las aldeas para no regresar hasta la finalización de la vendimia. Desde Villarrobledo, capataces y cuadrillas, con sus “atos” y enseres personales, partían en carros, galeras y más recientemente en remolques, hacia las fincas donde habían sido contratados. La distribución y organización del trabajo en la viña se le encomendaba al capataz, responsable de los jornaleros ante el dueño de la finca. Según la actividad que se desarrollase, los trabajadores se dividían en vendimiadores y capacheros. Los primeros recogían las uvas de la viña, los capacheros la transportaban hasta los carros o galeras. En cada banco se vendimiaba por parejas, este sistema ha quedado obsoleto a pesar de la preferencia que tienen las personas mayores por él, ya que afirman que de esta forma “se apuraban más las cepas”. Cada dos personas llevaban una espuerta, donde depositaban los racimos, y un tranchete, especie de cuchillo con hoja curva y que ha sido hasta hace unos años el instrumento tradicional para cortar las uvas. Encabezando el banco iba una persona con experiencia para marcar el ritmo que el resto de la cuadrilla seguía. Las espuertas de pleita tenían una capacidad de aproximadamente 30 kg., cuando estaban llenas las vaciaban en el capacho, también de esparto, ante la atenta vigilancia del capachero. En cada capacho entraban tres espuertas, por lo que para poder transportar estos 90 kg., se necesitaban personas fornidas, eran los capacheros. Estos mismos, con la ayuda del “gancho de la uva” acoplaban 12 capachos en las galeras y 8 en los carros. Al ser estos contenedores de pleita, tenían el inconveniente de derramar parte del mosto durante el transporte, este problema se solucionó más tarde con la utilización del caucho y de las lonas. Aproximadamente por los años 30, se empezaron a poner lonas en los carros evitando el problema de los materiales anteriormente utilizados. La sustitución de las espuertas de pleita coincidió con la introducción en la agricultura de los tractores, estas las realizaban los mismos trabajadores utilizando las cubiertas viejas de las ruedas de estos vehículos ocupándose al mismo tiempo de sus reparaciones cuando era preciso. Este duro trabajo se veía recompensado a la hora del almuerzo y de la comida, de esta tarea, se encargaba una de las vendimiadoras que abandonaba antes de tiempo “el tajo para preparar el rancho”. Tradicionalmente el almuerzo consistía en gachas, patatas fritas o pimientos con sardinas, mientras que en la comida los platos más usuales eran el caldo de patatas, fideos con bacalao y los arroces caldosos. Los utensilios y los ingredientes necesarios se traían desde la “casa grande” hasta la viña, lugar donde se cocinaban. Después de este descanso reanudaban “la faena” hasta la puesta de sol. La vendimia, como cualquier trabajo agrícola expuesto a las inclemencias del tiempo, se caracteriza por unas condiciones duras; el frío, el calor, la lluvia... condicionan cualquiera de las labores que se realizan en el campo, aunque también podemos extraer el factor positivo, ya que al ser un trabajo de recolección, repercute positivamente en la economía familiar. Las personas que vivieron aquellas vendimias recuerdan con alegría y cierta nostalgia los bailes, juegos y fiestas que organizaban en las aldeas al finalizar el trabajo, costumbres que con los cambios de la vida han caído en el olvido permaneciendo solamente en la memoria de los mayores

Refranes alusivos al vino y a la viña: -Con pan y vino, se anda el camino. -Quien de uvas buenas hace vino malo, merece una trilla de palos. -Más quería estar tras un muerto que no me doliese, que tras vino que no se vendiese. -Vino aguado, vino tirado. -Más abriga el jarro que el zamarro. -Vino por fuera y vino por dentro, cura todos los males en un momento. -Quien buen vino bebe, despacio envejece. -El vino tiene tres propiedades: que hace reir, dormir y los colores al rostro salir. -Alforjas y buen vino hacen corto y llano el camino. -La viña junto al camino tiene cerca un mal vecino. -Viña que da mal vino, no vale un comino. -De viña que no se labra no se coge ni palabra.

Dentro de la más pura tradición de la cultura occidental europea, las manifestaciones colectivas o celebraciones en torno al vino, se ordenan en lo que se conoce como brindis, expresiones que un grupo de comensales cantan a coro, y en torno a un ritual previamente conocido por todos los participantes de una ceremonia casi siempre regada con abundante vino. Los brindis utilizan elementos litúrgicos y también frases y hasta gestos tomados del canon de la misa, y que han sido heredados de las viejas formas goliárdicas o de los clérigos vagantes, es decir, de los primeros escolares universitarios europeos de los siglos XII y XIII. Esta vena goliárdica, queda patente tanto en la forma como en el contenido de los mensajes, motivo de los brindis, y que a base de latinajos chocarreros, más o menos versificados, tienden siempre a exaltar la figura del vino, como elemento divino, y como signo vital de alegría. “Vino, vinito, santo alimento, ¿qué haces ahí fuera? ¡Venga pa dentro!" Los brindis goliárdicos suponen en sí mismos, una transgresión y una parodia de los modos litúrgicos utilizados como mecanismo de crítica hacia el control y la ortodoxia eclesial, que en vano trataba de atenazar aquellos modales estudiantiles. Eran un signo de rebeldía que los escolares extrovertían en el ámbito de las celebraciones, fiestas o simplemente en sus reuniones tabernarias. Era un triunfo del desenfreno frente a la escolástica del estudio. Los estudiantes vagantes, conocidos también como giróvagos, o simplemente por goliardos, eran sobre todo, tal y como su nombre indica, gente dada a la vida andariega. En París buscaban las Artes Liberales, en Orleans los autores clásicos, en Bolonia los Códices del Derecho, en Salerno la Medicina, y en todas partes, claro, las mejores tabernas y las más repletas jarras de vino. Formadas las primeras Tunas o Estudiantinas Universitarias en España a mediados del siglo XIII, es decir, a la par que nuestros primeros Centros Universitarios, los escolares harán suyos los comportamientos de sus hermanos los goliardos o estudiantes vagantes, acomodando aquellos brindis tabernarios a las nuevas formas o gestos tunantescos, y que en un principio, en poco se diferenciaban de los propiamente goliardescos. En las Tunas o Estudiantinas Universitarias de hoy en día, nos encontramos con que sus brindis tabernarios, incluyen los mismos contenidos que antaño. Estamos ante una forma colectiva de sacralizar el acto de beber por mandato divino. La proclamación de un brindis tunantesco y dirigido por un maestro de ceremonia, quien reclamará en voz alta al resto de los celebrantes.

Estos contestarán a coro, aseverando o enfatizando sus propuestas:

Maestro de ceremonia (MC): ¿El que bebe?

Coro: ¡Se emborracha!

MC: ¿El que se emborracha?

Coro: ¡Duerme!

MC: ¿El que duerme?

Coro: ¡No peca!

MC: ¿El que no peca?

Coro: ¡Va al cielo!

Todos juntos: ¡Hermanos, para que al cielo vayamos: ¡bebamos!!

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