Programa 32 - Origenes y tradiciones de Carnaval
Programa dedicado a los Orígenes y Tradiciones del Carnaval El origen más antiguo del Carnaval data de la antigua Babilonia hace 4.000 años, pero poco se sabe de cómo era esa celebración. Más seguro es el antecedente que vincula esta fiesta con “Las Purulliyas” o celebración de la primavera de los Hititas, pueblo guerrero y sabio que habitó en Turquía. Los ritos de la llegada de la estación de las flores y el amor se extendieron por todo el mediterráneo. Los egipcios tenían una fiesta en honor del Buey Apis, intermediario entre Ptaht, el dios creador, y sus fieles. El toro Apis era una divinidad masculina, símbolo de la virilidad, que contenía el espíritu del señor de la creación Ptaht. En la ciudad de Menphis se celebraba, con la incipiente primavera, un ritual de adoración al toro sagrado de oro puro, Apis, ídolo que era adornado con guirnaldas de flores y se le hacían ofrendas de trigo y frutos, ya que simbolizaba la fertilidad de la tierra y era un dios fálico relacionado con la procreación. Un significado muy similar tenían, para los antiguos griegos, las celebraciones denominadas “Dionisíacas”, en honor del dios del vino, Dionisos, Baco para los romanos. Dionisos era hijo ilegítimo de Zeus y de Sémele, la hija de Cadmo, rey de Tebas. Tras la muerte de su madre, por orden de la celosa Hera, esposa legítima del rey del Olimpo, el pequeño dios se crió como si fuera una niña. Digamos que es el primer antecedente en la historia de los travestís actuales o de los hombres que se disfrazan de mujer en nuestro carnaval. En las fiestas consagradas en su honor se bebía vino hasta perder la conciencia y “Las Bacantes”, mujeres que participaban en los ritos orgiásticos en honor al dios de la vid, se entregaban a todo género de vicios y excesos. Pero, probablemente, el origen más claro de la fiesta de Don Carnal estuvo en Roma, concretamente en los rituales en honor de dos dioses: Baco (Dionisos en versión latina) y Saturno, el dios de los infiernos. Nos ocuparemos de dos celebraciones concretamente: “Las Matronalias” y “Las Saturnalias”. En las primeras, se honraba a Bona Dea, la diosa de las mujeres. Era un tiempo sagrado, en el que invertía el orden social y las féminas mandaban sobre los hombres, incluso podían tomar la iniciativa en el plano sexual sin limitación alguna y sin que les ocurriera nada. En las segundas, se honraba al dios Saturno, y, en este caso, lo que se alteraba era el orden social. Los esclavos pasaban a ser los amos y éstos tenían que servirles. Se comía y se bebía sin freno y se podía decir con toda libertad lo que el resto del año se callaba. En el resto de Europa, y también en España, el Carnaval ha estado vinculado siempre a la fiesta agraria de la llegada de la estación primaveral. Es una celebración que supone la liberación del espíritu de la primavera. Para los antiguos Celtas era “El Imbolc”, fechas en las que honraban a la Madre Naturaleza que se mostraba entonces en todo su esplendor. Este rito tenía lugar a mediados en el mes de febrero porque, a partir de entonces, los días se van haciendo cada vez más largos y el buen tiempo comienza a acercarse, acortándose las noches. Esto coincide con las teorías defendidas por los antropólogos que vinculan el Carnaval a la celebración del día 2 de febrero, La Candelaria, que marca el inicio del crecimiento de la luz solar en el horizonte. Ésta liberación se representaba, originariamente, con las máscaras de los animales que se despiertan y que, a la vez, son símbolos de abundancia y prosperidad: el oso, el ciervo, el jabalí... Todos ellos asociados a la caza. Cuando nos disfrazamos hoy, en realidad, estamos rememorando un hecho arcaico. El antiguo “hombre-cazador” simbolizaba sus creencias en un tótem o animal sagrado. Con el paso del tiempo, estas ideas se sintetizaron en figuras humanas que recibían el poder mágico de estos animales que representaban la fertilidad (el toro), la fuerza (el oso) la belleza (el ciervo), la abundancia (el jabalí), etc... Así se creaba un ídolo. De esa forma, a través del disfraz, se pretendía absorber los poderes de aquellos tótems o “seres de poder”. Lo más probable es que el origen del vocablo “Carnaval” proceda del término del latín medieval “Canelevarium”, que quiere decir algo así como “eliminar la carne”, aludiendo a la prohibición de comer este alimento durante los 40 días de La Cuaresma. Sin embargo, los lingüistas sugieren otras tres opciones posibles: “carne tollendus”: que quiere decir también “se ha prohibido la carne”. “Carne vale”: Es el equivalente a la expresión “adiós a la carne”. Y “Carrus navalis”: es la versión más erudita que hace alusión a la forma en que el antiguo dios supremo de Egipto, Ra, el sol, aparecía en el firmamento. Con lo que, de nuevo, volvemos a la versión antropológica del crecimiento de la luz con la proximidad de la primavera. Hoy en día el carnaval ha perdido su carácter eminentemente vinculado a la religión y a la cultura agraria, sin embargo, desde un punto de vista litúrgico y tradicional, para celebrarlo como Dios (o Don Carnal) mandan, habría que observar el cumplimiento de los siguientes puntos: 1. Duración: El carnaval se debe celebrar desde El Jueves Lardero hasta El Miércoles de Ceniza. 2. Ritual de inicio: El primer día del carnaval, Jueves Lardero, habría que comer alimentos ricos en grasas, lo que en Italia se llama el “jueves graso”. Tendrían que formar parte de nuestra dieta los chorizos, las morcillas, las butifarras y los huevos. Simbolizan el renacimiento de la energía y la vitalidad. 3. El uso de la máscara: Un disfraz que se precie, según los viejos cánones, debe contener una máscara que oculte la identidad de su portador. Las más antiguas representaban a los espíritus que acudían a las aldeas para molestar a sus moradores. Por este motivo, los enmascarados deben increpar a las gentes del lugar saltando, chillando y haciendo el loco, incluso lanzándoles fruta podrida. 4. Cabalgatas: El domingo de Don Carnal debe realizarse siempre un pasacalles de exaltación y celebración en honor a la Madre Naturaleza porque la luz y la primavera cada día están más cercanas. 5. Desenfreno: El martes de carnaval tendría que ser el día grande, una jornada en la que la permisividad fuera absoluta y todo tendiese a la exageración. Deberían reinar los bailes y la danza. Lo propio sería que se utilizaran instrumentos sonoros como los tambores, las campanas y los cencerros. Además, en la más estricta tradición del desafío, se debería insultar, molestar o llamar la atención a quienes no se disfracen o no celebren el Carnaval, ya que se considera que es un mal augurio para el nuevo tiempo de luz.
